Viernes, 13 de Febrero de 2009
Muchos han escuchado de él. Se perfilaba como un buen prospecto venezolano por sus actuaciones en el baloncesto universitario estadounidense y también como promesa de Marinos de Oriente (hoy de Anzoátegui), en la LPB. Pero las lesiones y su interés por graduarse de ingeniero industrial le alejaron de las canchas. Hoy, está de regreso.
A sus 32 años Víctor Luces mira su participación con la franquicia La Guaira BBC como un nuevo chance que le brinda la vida de hacer una de las cosas que más le gusta: ser piloto.
"Desde el año pasado estuve hablando con Tomás Morris, gerente del club, para que pidiera mi cambio desde Marinos. No vine en 2008 porque estaba terminando un posgrado en Administración de Empresas en la Universidad de Texas-El Paso, pero él insistió y bueno, ahora estoy aquí, listo para competir", soltó el jugador, al concluir un partido amistoso frente a Cocodrilos de Caracas.
Con sus 1,85 metros, Luces quiere demostrar que todavía le queda mucho por dar en este deporte y contribuir para el club que en 2008 jugó bajo la denominación de Deportivo Táchira.
"Yo llegué a Estados Unidos gracias al baloncesto, con una beca deportiva, tuve la oportunidad de jugar y cursar mis estudios, pero ahora se abrieron las puertas para jugar en mi país. Espero que sea el principio de una etapa, porque quiero seguir en la cancha, no sólo en Venezuela, sino también en otras ligas del mundo", añade.
Sobre el quinteto litoralense, señaló "que estamos empezando, pero cada uno de nosotros tiene que cumplir un rol en el equipo. Todavía estamos tratando de conocernos, tengo muy pocos días en las prácticas, va a tomar tiempo ajustarnos pero estamos trabajando en ese aspecto", añadió el armador.
Luces jugó en el alma máter de Texas-El Paso entre 1999 y 2002, pero no fue hasta 2006 cuando se graduó.
"Tardé en culminar mis estudios porque vine algunas veces al país a jugar con Marinos, en los años 2003 y 2004, y otras con Guácharos de Maturín, en la Liga Nacional. Luego de graduarme trabajé como ingeniero en el Norte, pero desde ese tiempo para acá me mantuve haciendo pesas, jugando con los basqueteros nuevos de la Universidad, en el verano. Estoy a 60% de forma física, pero con el paso de los días mejoraré".
Considera que no pudo establecerse en la liga local porque siempre vino cuando la temporada estaba avanzada y le era difícil tomar el ritmo. Esta vez espera que sea distinta.
"Estar desde el principio va a ser muy beneficioso para mí y quiero jugar baloncesto hasta que el cuerpo lo resista".
En su último año en la universidad, promedió 2,8 puntos y 38% de acierto en triples. Su average de minutos fue de 8,9.
El armador, nativo de Carúpano y que luego se mudó a Barcelona, donde se desarrolló en las categorías menores, lo que le valió la convocatoria para selecciones nacionales en la categoría cadetes, no juega en el ámbito profesional hace cuatro años. Sabe que tiene por delante un reto complicado, pero dice que el sacrificio vale la pena.
José Rubicco Huertas Foto Eduardo Fuentes / EL UNIVERSAL